Se Van con el Humo: Los Costes Energéticos del Cultivo Interior de Cannabis

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Se Van con el Humo: Los Costes Energéticos del Cultivo Interior de Cannabis

Cultivar cannabis en interiores requiere de mucha energía. No se trata sólo de la factura mensual del cultivador, si no que en conjunto, con el cultivo del cannabis se utiliza cerca del 1% del total de la electricidad de los Estados Unidos - lo que equiva

Resulta que nuestra querida hierba verde no es tan verde. Por lo menos si se mira a los efectos medioambientales del cultivo interior. Teniendo en cuenta la cantidad de energía que hace falta para hacer felices a las plantas, no debería sorprendernos que un kilogramo de brote produzca 3 toneladas de CO2. Bastante elevado, sobre todo si se tienen en cuenta los costes financieros que acarrea. Se calcula que la producción y distribución de toda esa hierba cuesta unos 5 mil millones de dólares al año - y esto solo en Estados Unidos.

Ahorro de energía y el cultivo de cannabis

El cultivo de cannabis en el interior no es algo que llevemos haciendo durante mucho tiempo, de hecho, es una práctica muy reciente que se ha visto impulsada en gran medida por la prohibición. Sencillamente, al ser demasiado difícil esconder grandes cultivos en un campo o en el bosque, la producción se ha mudado dentro, donde es mucho más fácil mantenerla oculta. Precisamente por la confidencialidad de las operaciones y su condición de ilegal, es muy difícil calcular el impacto de los cultivos. Sólo ahora, las cifras empiezan a estar disponibles.

A medida que la reforma del cannabis se extiende por el mundo, el cultivo del cannabis se está convirtiendo en una industria aún mayor que en sus días de ilegalidad. Cada vez aparecen más y más cultivos legales a gran escala, que consumen una mayor cantidad de energía; sin mencionar el hecho de que la legalización y despenalización permite a los usuarios medicinales tener sus propios cuartos de cultivo legales, para uso personal, en diversos países y estados.

Los efectos se pueden ver fácilmente en zonas geográficas en las que se sabe que se lleva a cabo el cultivo de cannabis a gran escala. Un ejemplo de ello es el Condado de Humboldt en California. Desde la legalización del cultivo de cannabis medicinal en 1996, el Condado de Humboldt ha visto un incremento del 50 por ciento en el gasto de energía per cápita en comparación con otras áreas.

Solamente en California, más de 400.000 personas están autorizadas para cultivar cannabis, y esta cifra sigue aumentando continuamente. Basándose en el creciente número de consumidores, se calcula que en el 2011 se produjeron 17.000 toneladas métricas de cannabis en California, una tercera parte de lo que se cultiva en el interior. Esta cifra ha aumentado gracias a la proliferación actual de la tolerancia hacia el cannabis y su legalización. El cannabis es el cultivo más extendido de EEUU en términos de valor.

El impacto del cuarto de cultivo

Los cuartos de cultivo interior de cannabis, sobre todo los profesionales, utilizan gran cantidad de equipos hambrientos de energía, con el fin de mejorar sus rendimientos y mantenerse funcionando sin problemas. Requieren de una iluminación de alta intensidad, humidificadores y deshumidificadores, una ventilación avanzada, calefactores y control de temperatura, emisores de dióxido de carbono, sistemas de riego, control de olores, aire acondicionado para eliminar el calor residual, y generadores extra de energía para que las facturas de la luz parezcan normales (en el caso de cultivos ilegales). Claro, que no todos los cuartos de cultivo tienen todos estos equipos, pero no es algo inusual entre laboratorios avanzados y productores profesionales.

En base a estos factores, un pequeño cuarto de cultivo de 1,2 x 1,2 x 2,4 m, consumirá 13.000 KWh de electricidad al año. Si se tiene en cuenta que muchos cultivos profesionales pueden tener fácilmente un espacio 10 veces mayor, los costes se multiplican, tanto desde un punto de vista financiero como ambiental. Se estima que, en todo el territorio de los Estados Unidos, la cantidad de energía usada para cultivar cannabis en el interior (incluyendo la robada) equivale a 20 teravatios al año - alrededor del 1 por ciento del uso eléctrico de la nación, y lo suficiente como para proporcionar energía a 20 millones de hogares. Esto produce 17 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono al año sólo en los Estados Unidos - lo que equivale al uso de 3 millones de coches estadounidenses medios al año.

La energía de un canuto

El desglose de estos números para un porro es bastante revelador. Un porro de cannabis de cultivo interior en Estados Unidos ha producido un emisión de 1 kg de dióxido de carbono, el equivalente a una bombilla de 100 vatios durante 17 horas. La producción de un kilo de cannabis de cultivo interior crea 3.000 kilogramos de emisiones de dióxido de carbono, el equivalente a conducir un coche de costa a costa de los Estados Unidos 5 veces con un coche a 44 millas por galón. Un zona de cultivo de 1,2 x 1,2 x 2,4 m duplica el uso de electricidad del hogar medio norteamericano, y lo triplica en California - el equivalente a tener 30 frigoríficos.

También es importante señalar que el coste de la energía y las emisiones de dióxido de carbono necesarias para producir los fertilizantes, el agua, el equipo y los materiales de construcción utilizados en un cuarto de cultivo de cannabis, no se han tenido en cuenta en ninguno de estos cálculos.

Pasarse a lo ecológico

La gran mayoría de estos gastos y emisiones se pueden reducir hasta en un 75 por ciento. Al concebir la idea de un cuarto de cultivo, no se tienen en consideración estos costes, se da más importancia a la seguridad y a la privacidad, en detrimento de la eficiencia energética. Si se aplicaran al cultivo interior de cannabis prácticas similares a las que se ven en los invernaderos comerciales, se podría reducir enormemente el consumo de energía. En operaciones a gran escala, una seria planificación energética podría suponer unos ahorros de más de 25.000 dólares al año, y una drástica reducción de las emisiones de carbono.

Sin embargo, la solución más práctica, y más elegante, es también la más simple: cultivar en el campo. Trasladar el cultivo interior del cannabis al exterior, podría acabar con prácticamente todos los gastos (con la exclusión de los costes de transporte). Además, ya que el cannabis se liga al CO2, el proceso podría llegar a ser totalmente neutral. Evidentemente, existen buenas razones a favor del cultivo interior, como el control de la temperatura y la frecuencia de las cosechas. Pero, por otro lado, con una buena planificación, se pueden cosechar enormes cantidades sin demasiados costes financieros y ambientales.

Es una digna opción que vale la pena considerar, sobre todo si vives en un clima apto para el cultivo natural del cannabis. Las operaciones legales podrían disfrutar de unos grandes ahorros, además de reducir drásticamente su impacto ambiental mediante el cultivo al aire libre, y sentar las bases para un cultivo mucho más amplio y ecológico. Con la velocidad a la que está creciendo la industria del cannabis, es en el interés de todos considerar los costes ocultos del cultivo de cannabis en el interior. Actuar para reducir al mínimo la pérdida de energía puede influir mucho en hacer que el cultivo de cannabis sea más sostenible.

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