¿Qués Son Cepas de Cannabis Autóctonas y Reliquias?

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¿Qués Son Cepas de Cannabis Autóctonas y Reliquias?

Con la aparición de cientos de nuevas cepas de cannabis cada año, muchos desconocen los orígenes de la hierba que se saborea hoy en día. Hablamos de las variedades autóctonas o criollas - las antepasadas de todas las cepas híbridas que se venden.

Una variedad autóctona se puede definir como un cultivo silvestre de cannabis que ha evolucionado en el aislamiento de una región geográfica específica. Con el paso del tiempo, estas cepas aisladas empezaron a adquirir sus propias características distintivas más adecuadas para su supervivencia en la región en la que evolucionaban. Estas cepas a menudo llevan el nombre de su región de origen, como en el caso de las Afganas, Colombianas, Tailandesas o Hawaianas, y en los nombres de sus descendientes cruzadas a veces se encuentran referencias a estas variedades.

Los cazadores de cepas

Durante las décadas de los 70 y 80, los aficionados al cannabis viajaron por todo el mundo para recolectar cepas criollas y cultivarlas en sus propios jardines en casa. A estas cepas se les llamó reliquias y se propagaron en otras zonas como California y Europa.

Strain Hunters

Arjan Roskam, el fundador de Greenhouse Seeds en Ámsterdam, se ha destacado recientemente con su proyecto de Strain Hunters y los documentales que acompañan a sus viajes. Arjan y Franco Loja, su colaborador, viajan por todo el mundo buscando y recolectando cepas autóctonas en gran parte intactas para recuperar el material genético original y poder utilizarlo en el desarrollo de nuevas variedades. Las variedades autóctonas son muy importantes para la cría, porque son las ganadoras del juego de la "supervivencia de los más aptos".

Distintos climas forman cepas de diferente aspecto y composición cannabinoide - aunque sean miembros de la misma familia y haya muy poca diferencia entre ellas desde un punto de vista botánico.

El origen del cannabis Sativa

La cuna del cannabis Sativa autóctono es Asia, Anatolia, y el norte de África. Estas variedades tienden a ser mucho más altas (hasta 3-4 metros) y alargadas que sus contrapartes Indica, con una mayor distancia internodal y largos racimos florales a menudo livianos y con un gran estiramiento durante su largo período de floración. Sus hojas son más finas y presentan un borde bastante dentado. El aroma de las flores Sativa se describe a menudo como afrutado y floral. El cannabis Sativa autóctono se ha adaptado a la vida cerca del ecuador, con veranos más largos y un sol más intenso, y no maduran bien en las latitudes suaves del norte o sur. Algunas célebres cepas Sativa son la Thai Stick, la Acapulco Gold, la Durban Poison y la Panama Red.

El origen del cannabis Indica

Las cepas de cannabis Indica autóctono se desarrollaron de manera natural en las zonas montañosas de Afganistán, Pakistán y la India. Las Indica autóctonas presentan una altura mucho menor (hasta 2 metros) y son más compactas y resinosas que sus primas Sativa. Las Indicas terminan antes su ciclo de vida, y apenas se estiran durante el periodo de floración. Las hojas de una variedad Indica son anchas y sus bordes mucho menos dentados. Los racimos florales de una planta Indica son compactos y muy densos. El aroma de los brotes Indica a menudo se describe como almizclado y terroso. Estas plantas se adaptan bien a las latitudes suaves del norte. Dos de las cepas Indica puras más famosas son la Hindu Kush y la Pure Afghan.

Cannabis ruderalis

El este de Europa, el Himalaya y Siberia son la cuna del cannabis ruderalis, una rareza del cannabis. El cannabis ruderalis no es sólo el miembro más pequeño de la familia del cannabis, que alcanza una altura de solo 1 metro, también es el menos potente en lo que se refiere a cannabinoides. Su rasgo más excepcional es su capacidad para empezar a florecer sin un cambio en el nivel de luz, que es una adaptación a los climas severos de las latitudes más extremas del norte y del sur. En estas regiones los días de verano puede llegar tener 20 horas, pero la estación es muy breve. Los criadores han aprovechado este rasgo genético para crear las cepas autoflorecientes tan famosas hoy en día. Con las variedades autoflorecientes es posible cosechar una planta en tan sólo 60 días a partir de la germinación, lo que permite obtener dos o más cosechas por temporada en los climas más templados.