Relatos del Club de Cannabis Parte 3: Buena hierba, mala suerte y métodos poco convencionales


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Cannabis Club Tales


En una nueva edición de Relatos del Club de Cannabis, vemos una serie de desafortunados eventos que se materializan con mucho humor negro por parte de Top Sheld Grower.

MI VIAJE A LA COSTA DORADA

Tecleo furiosamente esta comunicación, en medio de una nube de humo de marihuana, en mi ratonera de algún lugar de la Costa Dorada de Cataluña. No de España, como les gusta puntualizar a la mayoría de catalanes; al menos cuando les pregunta un bien intencionado y curioso irlandés.

Costa Dorada Cataluña

Esta tarde de domingo, sin conexión a internet y apagones intermitentes en la cocina y la sala de estar, estoy en medio de otra de esas incómodas situaciones con las que me tengo que enfrentar. Pero al menos tengo unos cuantos cogollos de Super Bud para animarme.

Mi actual dilema dista mucho de lo que me había imaginado antes de emprender mi viaje al norte. Por fin entiendo el significado de la frase de Dickens "era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos".

Hace casi tres semanas que eché el último vistazo a las montañas de Sierra Nevada y me despedí del desierto de Tabernas. 9 horas de viaje en un tren que avanzaba a duras y un par de frenéticos trasbordos. Todos los andenes de las estaciones españolas parecen tener un suelo diseñado especialmente para poner a prueba la capacidad de amortiguación de las maletas con ruedas.

Huecos, ranuras, y un número infinito de minúsculos badenes, en lugar de las típicas superficies lisas. Seguramente serían una ventaja durante un invierno helado, para evitar resbalones y caídas. ¡Pero esto es España, por el amor de Dios!

Tirar de dos convulsas maletas con un peso total de 40kg, llevando una mochila y una bolsa para el portátil, fue un poco problemático; y las pocas palabras de español que he sido capaz de aprender, me resultaron tan útiles como el swahili una vez dentro de Cataluña.

Llegué a la habitación del hotel sudando y estresado, rebuscando en los bolsillos el canuto de hachís de Strawberry Kush que había liado en el tren. Lo encendí y, minutos después, estaba tirado en el sofá completamente vestido.

PEQUEÑOS PROBLEMAS

A la mañana siguiente, mi agente inmobiliario catalán me envió un mensaje de texto informándome de que había un "pequeño problema" con el alojamiento que ya había pagado por adelantado. En pocas palabras, por engañosos motivos ya no se encontraba disponible, y me había encontrado otro lugar de forma temporal en la siguiente ciudad a lo largo de la costa.

Las desgracias nunca vienen solas. Cuando estaba a punto de dejar el hotel, el recepcionista me dijo que el dispositivo wifi de 20GB que estaba esperando no había llegado el día anterior. O, más exactamente, al ser el único cliente del hotel, cerraron pronto y el mensajero no pudo entrar. Casi me había olvidado de esa fundamental herramienta.

Hoy en día, el acceso a internet es tan necesario como el agua corriente y la electricidad, no puedo ir a ninguna parte sin él. Entonces recibí otro mensaje de texto de la inmobiliaria diciendo que no me podían recoger del hotel hasta más tarde.

Mi nivel de estrés iba en aumento. Podía sentir la sangre hirviendo. Todos mis planes para asegurarme una mudanza tranquila se estaban desmoronando a mi alrededor. Verdaderamente necesitaba un canuto en ese momento.

Fumé cannabis a la playa

Así que me di un paseo hasta la playa y me fumé otro porro de hachís mientras sopesaba mis opciones. ¿Qué haría Richard Branson en mi situación? Comprar la cadena hotelera y despedir a los de la recepción. No, no, eso es una obra de Howard Hughes. Branson es un tipo sofisticado. Habría llegado en globo, equipado con la última configuración 5G de internet vía satélite, y aterrizado en una villa privada.

EN TERRENO RESBALADIZO

Mucho más tarde ese mismo día, después de unas negociaciones más tensas que cuando Kissinger se reunió con los comunistas chinos, llegué a mi piso temporal con mi wifi portátil en la mano. El agente inmobiliario se disculpó por mis lúgubres aposentos y se fue rápidamente.

Estaba cerca de la vía del tren. Demasiado cerca, de hecho. El atronador traqueteo de la "Renfe" cada 30 minutos, hacía temblar todo el edificio. Era lo mejor que mi agente "Manuel" había encontrado en tan breve plazo, y era muy "Fawlty Towers". Me dije a mí mismo: "los marines pueden", y yo también.

Por lo visto, el propietario del apartamento original no alquila a extranjeros. No tiene ningún prejuicio especial contra los irlandeses, sino que tiene un problema con todos los extranjeros, españoles incluidos. Espero que tenga el valor de ceñirse a sus retrógrados principios si alguna vez necesita una transfusión de sangre o un trasplante de órganos.

Adaptarme a mi penoso alojamiento fue un poco arriesgado. Justo cuando me iba a acomodar en el sofá estilo fumadero de crack del salón para liar un canuto, encendí el televisor. Y ¡Zzzzzas! me electrocuté, no mucho, pero dolió un rato. De repente, empezó a salir humo de la parte trasera del televisor.

Tras arrancar el enchufe de la pared y apagar las llamas con un trapo, tenía los nervios destrozados. Me hicieron falta tres porros mal liados, por la sensación de ardor que me recorría la mano izquierda, para tranquilizarme.

Y después me apeteció comida rápida. Aquella noche, un grasiento Burger King era justo lo que necesitaba. Había pasado más de un año desde la última vez que engullí un Whopper. De todo menos nutritivo, pero absolutamente delicioso. Para un chico de ciudad en el extranjero, es la mejor comida reconfortante que puede tomar después de un día duro. Probablemente, una de las mejores hamburguesas que he probado.

LA BUROCRACIA DEL CLUB CANNÁBICO

Antes de ocurrírseme la loca idea de que podía cambiar el mundo con los dos únicos talentos que me ha dado Dios: escribir historias sobre marihuana y cultivarla, yo también era un capitalista empedernido, obsesionado con "ganar". Aunque la mayor parte del tiempo lo pasaba perdiendo, incluso cuando pensaba que ganaba. No intentes etiquetarme. No soy ningún tipo de "ista" y no me adscribo a ningún "ismo". Soy un ser humano.

Pero adquirí toda clase de habilidades transferibles en el oscuro arte del soborno y el engaño. Poco me imaginaba que tendría que buscar en mi viejo saco de trucos para conseguir convertirme en miembro de un club de cannabis catalán. En este caso, el fin justifica los medios, así que no tengo remordimientos. Sigo creyendo que un simple soborno puede solucionar el más complicado de los problemas.

Cannabis Club Catalonia

Mi alijo de monedas de hachís empezaba a escasear, por lo que necesitaba visitar un club de cannabis con urgencia, para abastecerme de marihuana de calidad. Después de todo, es el objetivo de mis escapadas, y espero que el motivo por el que me lees. Dicho esto, entiendo que mis contratiempos puedan resultar entretenidos. Yo también me reiría si esta mierda no me pasase siempre a mí.

Soy consciente de que la mejor forma de unirse a un club local de cannabis es presentar una identificación con foto y, si puedes, una recomendación de un amigo. Pero he tenido suficiente burocracia como para durarme toda una vida, por lo que prefiero hacer las cosas a mi manera.

Además, no es práctico llevar el pasaporte siempre encima; yo guardo el mío en un cajón, como la mayoría de la gente, y sólo lo llevo encima en el aeropuerto. Además, soy nuevo en esta ciudad, y probablemente no me quede mucho tiempo, así que no tengo tiempo de hacer amigos para que me recomienden. (Suspiro), sí, los clubes de cannabis de aquí están obsesionados con formularios y documentos irrelevantes. Pero yo tengo mucha inventiva.

MÉTODOS POCO CONVENCIONALES: PREPARANDOME PARA LA INFILTRACIÓN

Mi método para unirme a un club de cannabis es poco ortodoxo, pero te aseguro que es la única forma de pertenecer a un club en menos de 5 minutos. No animo a que otros lo repitan, sólo lo estoy relatando para la posteridad. Más adelante explicaré el proceso. Empecemos con los preparativos para la infiltración.

Primero, lié un precioso porro combinado con el resto de la Strawberry Kush y mi penúltima moneda de hachís. Después, envolví cuidadosamente la última moneda y me la puse en el bolsillo. Y, por último, me dirigí al cajero antes de pasarme por el club de cannabis más cercano, que estaba cerca del quiosco de prensa que solía usar. Tenía un aspecto bastante anodino; un sencillo escaparate de vidrio con el nombre del club sobre la puerta en letras negras. Sin hojas gigantes ni nada que llamara la atención, aparte del olor a marihuana cada vez que se abría la puerta.

CÓMO ME UNÍ A UN CLUB DE CANNABIS EN MENOS DE 5 MINUTOS: TRADECRAFT DE FUMETA

Me encendí el canuto a unos pasos de la puerta, mirando casualmente cómo entraban los miembros pulsando un timbre, y sopesando quién era el mejor candidato para reclutar como mi nuevo mejor amigo. La fragancia de mi peta llamó la atención de dos tíos que se acercaban, charlamos un rato y les di un par de caladas. ¡Bingo! Dos nuevos mejores amigos.

Un momento después, los tres amigos estaban dentro. El interior podría haber sido el de cualquier cafetería, pero tenía un cómodo sofá y una pantalla gigante para videojuegos. Un grupo de veinteañeros estaban en mitad de algún tipo de torneo de fútbol de Playstation, por lo que el bar del fondo no estaba ocupado.

Mis nuevos colegas hablaban algo de inglés y me presentaron al camarero y al grupo de jugadores. Era gente maja, pero yo sólo quería conseguir maría y largarme a la playa para trabajar en un relato sentado en la arena, como siempre había soñado.

Monedas de hachís

El camarero también tenía veintitantos años, y no parecía demasiado estricto, así que supe que no habría problemas. Cuando estaba a punto de pedirme el pasaporte y coger los formularios para que los rellenaran mis nuevos amigos, aproveché la oportunidad y le deslumbré con mi última moneda de hachís.

Se quedó todo loco. Sólo había visto hachís rubio en internet, y estaba fascinado. Le sugerí que liara un canuto y lo probara, y sellé el trato dándole un trozo de unos 0,5g. Lo que tuvo extraordinarios resultados. Todo procedimiento operativo estándar fue abandonado, y me dieron un carnet de miembro y un enorme alijo de Amnesia Haze en menos de 5 minutos.

DE NUEVO EN LA CARRETERA

El viernes y sábado por la noche llovió, fue como un chaparrón de primavera que me recordó a los incansables aguaceros de mi país. Más problemas. El viernes por la tarde estaba en casa escribiendo y, cuando fui a la cocina a hacerme una taza de café, escuché un extraño sonido de salpicaduras. De vuelta al salón, lo volví a escuchar. Aquello era muy extraño.

Entonces, noté que se me estaban mojando los pies. Miré hacia abajo y vi el suelo del salón inundado, estaba rodeado de agua por todas partes. Agarré a toda prisa una fregona y utilicé las toallas y sábanas del inquilino anterior para absorber tanta agua como me fuera posible.

Gotera

Las paredes de la sala de estar estaban húmedas al tacto, y la lluvia se filtraba y canalizaba por todo el suelo. Huelga decir que no he dormido mucho este fin de semana pasado. El fregado nocturno acompañado de maldiciones es agotador.

El domingo por la mañana salió el sol y, para media tarde, mi piso de cartón piedra ya se había secado. Por desgracia, el sistema eléctrico estaba arruinado, y la caja de fusibles se cortocircuitaba todo el rato. Además, 20GB de datos han demostrado ser insuficientes y se han acabado sin previo aviso ni opción para ampliar. El servicio al cliente de Manuel debería irse preparando para ser recriminado a primera hora del lunes.

Para terminar, os dejo con una buena noticia. Dios sabe que necesito muchas más, pero a veces hay que conformarse con lo que se tiene. La marihuana catalana que he probado hasta ahora es de primer nivel, y hay literalmente docenas de clubes de cannabis a lo largo de la Costa Dorada. Tengo intención de visitarlos todos e informaros de mis hallazgos.

Como dicen los Seals de la marina: "el único día fácil fue ayer". Mañana vuelvo a la carretera. Por fin he encontrado un sitio seguro y habitable. Mi exploración de la cultura catalana del cannabis apenas ha comenzado.

 

         
  Top Shelf Grower  

Escrito por: Top Shelf Grower
Veterano cultivador de marihuana natural de Dublín, Irlanda, que actualmente anda suelto en el sur de España. 100% comprometido en ofrecer los mejores informes sobre el cultivo de marihuana.

 
 
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