Plántulas de cannabis explicadas: cómo cuidar plantas jóvenes de la manera correcta

¿Tu planta de marihuana bebé se espiga o decae? Revisa señales tempranas y corrige luz, riego y ventilación antes de que el crecimiento se frene.
La fase de plántula es donde se ganan o se pierden los grandes cultivos. En estos primeros días y semanas, tus plántulas están construyendo las raíces, la fuerza del tallo y el crecimiento inicial de hojas, de los que dependerá todo lo demás. Si aquí fallas en lo básico —demasiada agua, una luz demasiado intensa o un entorno inestable—, puedes pasarte el resto del cultivo intentando recuperar el tiempo perdido.
En esta guía vamos a explicarte, paso a paso, cómo cuidar una planta joven: el entorno adecuado (temperatura y ventilación), una intensidad de luz bien ajustada, hábitos de riego que favorezcan el desarrollo de las raíces y cuándo empezar con los nutrientes sin estresar ese crecimiento tan delicado. También veremos los problemas más comunes al principio y cómo detectarlos a tiempo, antes de que frenen tu avance.
Tómate esto como tu capítulo de plántulas dentro de una guía de cultivo completa: una base práctica a la que puedes volver cada vez que empieces un nuevo cultivo, tanto si estás criando tu primer brote como si quieres llevar tu rutina al siguiente nivel.
¿Qué es una plántula de marihuana?

Una plántula de marihuana es la etapa juvenil de la planta que comienza justo después de la germinación, cuando la semilla se abre y asoma el primer crecimiento por encima del sustrato. En la práctica, es el periodo en el que la planta aún es pequeña y delicada, y está centrada en formar un sistema radicular sano y sus primeras tandas de hojas “verdaderas”. En otras palabras: es tu planta de marihuana bebé.
Conviene diferenciar dos términos que los principiantes suelen confundir. Un brote de cannabis es el primer momento en el que ves a la planta asomar, normalmente con los cotiledones (las hojas redondeadas “de arranque”). Cuando esos cotiledones se abren y empiezan a desarrollarse las primeras hojas serradas, ya estás de lleno en la fase de plántula.
La mayoría de cultivadores considera que esta etapa dura alrededor de 2–3 semanas, aunque puede ser más corta en genéticas rápidas o más larga si las condiciones frenan el crecimiento. También escucharás que a esta fase se le llama planta de marihuana bebé, y no va desencaminado, siempre que recuerdes que no tiene que ver tanto con el tamaño como con lo sensible que sigue siendo a la luz, el riego y el abonado.
¿Cuánto dura la etapa de plántula de cannabis?

Para la mayoría, la fase de plántula dura aproximadamente 2–3 semanas desde que emerge, pero no es una norma fija. La genética, el espacio para las raíces, la temperatura y lo constante que seas con la luz y el riego pueden acelerar el proceso o ralentizarlo. Las autoflorecientes suelen pasar por esta etapa algo más deprisa, mientras que las plantas estresadas pueden quedarse atascadas.
Sabrás que una plántula está lista para pasar a crecimiento vegetativo cuando empiece a sacar varias tandas de hojas verdaderas, el tallo haya engrosado y el ritmo de crecimiento se note claramente más rápido de un día para otro. En ese punto, la planta ya aguanta una luz más potente y un plan de abonado más estructurado.
Características de una plántula de marihuana sana
La forma más fácil de valorar una planta joven es fijarte en el equilibrio general. Las señales clave de una plántula sana son un crecimiento uniforme y simétrico, hojas con aspecto fresco y una postura firme.
Las hojas deberían tener un verde constante (ni pálido, ni con manchas, ni demasiado oscuro), y las primeras hojas serradas deberían formarse de manera pareja a ambos lados. Es normal que haya pequeñas diferencias, pero si ves torsiones, “garra” o decaimiento, lo más habitual es que haya estrés. El tallo tiene que mantenerse erguido y ser relativamente grueso para su tamaño; si está largo, fino y se inclina, probablemente la planta se está espigando buscando luz.
Por debajo de la superficie, un buen desarrollo radicular se nota en un crecimiento constante en la parte aérea y en un buen “agarre” al sustrato. Cuando las raíces van a tope, la planta responde rápido tras el riego y no se queda parada.
Como referencia general, una planta de marihuana bebé de 1 semana puede tener solo 1–2 tandas de hojas verdaderas, mientras que a las 3 semanas debería verse claramente más frondosa y con un crecimiento diario más rápido.
Condiciones ambientales para plántulas de cannabis
Las plántulas son más sensibles que las plantas adultas porque tienen una zona radicular pequeña, tallos finos y reservas de energía limitadas. Por eso, los cambios bruscos de temperatura, la sequedad o una luz demasiado fuerte les afectan más, y tardan más en recuperarse.
Concéntrate en los mandos principales del entorno: temperaturas cálidas y estables, una humedad suave, una ventilación constante pero ligera y una luz lo bastante intensa como para evitar el espigamiento, pero no tan potente como para estresar las hojas nuevas. Para sacar plántulas de marihuana fuertes no necesitas ajustes extremos; necesitas constancia.
En esta etapa, la estabilidad vale más que la intensidad. Mantener unas condiciones previsibles ayuda a que las raíces se expandan, las hojas se desarrollen de forma uniforme y la planta pase al crecimiento vegetativo sin los parones ni las formas raras de crecimiento que suelen aparecer cuando intentas perseguir “los números perfectos”.
Humedad y temperatura para plántulas de cannabis

Durante la primera semana más o menos, intenta mantener una humedad del 65–75% y, a medida que la planta acelera, ve bajándola poco a poco hacia el 55–65%. Una humedad más alta favorece el desarrollo inicial de las raíces porque las plantas pequeñas todavía no “beben” mucho; absorben gran parte de la humedad por las hojas, lo que reduce el estrés y anima a las raíces a crecer.
En cuanto a la temperatura, busca un calor agradable: unos 23–26 °C durante el día, con una ligera bajada por la noche (aprox. 20–22 °C). Los cambios bruscos entre día y noche ralentizan el crecimiento y pueden dar pie a problemas. Para profundizar, consulta nuestra guía sobre temperaturas de cultivo.
Las cúpulas de humedad pueden venir muy bien en habitaciones secas, pero hay que usarlas con cabeza: ventila a diario, seca el exceso de condensación por dentro y retírala cuando la plántula ya esté lo bastante fuerte como para valerse por sí misma. El error clásico de principiante es un aire demasiado seco, que provoca crecimiento lento y bordes crujientes en las hojas, incluso cuando el sustrato está húmedo.
Intensidad de luz para plántulas de cannabis
El PPFD en plántulas de cannabis es, básicamente, una forma de medir cuánta luz “útil” llega a las hojas cada segundo. Piénsalo como la “fuerza de la luz a nivel de copa”, no solo lo brillante que te parezca la lámpara a simple vista.
Para las plántulas, el objetivo es una intensidad suave; con unos 100–300 PPFD suele ser más que suficiente. Todavía no necesitan una luz potente porque su superficie foliar es pequeña y las raíces siguen formándose; demasiada luz puede ir por delante de lo que la planta es capaz de sostener.
La falta de luz se nota en el espigamiento: un tallo largo y fino y grandes espacios entre tandas de hojas. En cambio, el exceso de luz se parece más a estrés lumínico: hojas que se quedan pequeñas, bordes que se curvan hacia arriba (“taco”), decoloración o una planta que parece estancarse.
En interior, pon las plántulas bajo un LED regulable o aumenta la distancia de la lámpara. En exterior también puede funcionar, pero al principio evita el sol duro del mediodía. Un alféizar casi nunca es lo ideal: la luz es irregular y a menudo demasiado floja. Aun así, si no te queda otra, apóyate en un LED complementario y gira la maceta a diario. Para entender el porqué, consulta fotosíntesis del cannabis.
Fotoperiodo para plántulas de cannabis
Un fotoperiodo fiable para plántulas suele ser 18/6 (18 horas encendida, 6 apagada). Algunos cultivadores prefieren 20/4 para empujar un crecimiento ligeramente más rápido, pero en esta fase la diferencia rara vez es enorme.
Tener la luz 24/0 suele ser innecesario. La oscuridad le da a la planta tiempo para respirar y ayuda a mantener más estables la temperatura y la humedad, algo más importante que rascar unas horas extra de luz.
Elijas el ciclo que elijas, mantenlo constante; las plántulas no ganan nada con ajustes continuos. En interior, esto es fácil con un temporizador. En exterior, dependes de la estación, así que céntrate en darles un lugar resguardado con buena luz de la mañana y protección frente al sol duro del mediodía y las noches frías.
Con qué frecuencia regar plántulas de cannabis

El exceso de riego es el “asesino” más común de las plántulas porque asfixia las raíces. Las plantas jóvenes necesitan oxígeno en el sustrato tanto como humedad, y un suelo constantemente mojado provoca rápido decaimiento, crecimiento lento y damping off.
Entonces, ¿cada cuánto hay que regar las plántulas de cannabis? Más que seguir un horario rígido, lo importante es usar poca cantidad y dejar que el sustrato se seque entre riegos. Una plántula no necesita una maceta empapada: solo una zona ligeramente húmeda alrededor del tallo, que es donde las raíces se están expandiendo.
Si no tienes claro si tu plántula necesita más agua, levanta la maceta para comprobar si la parte inferior sigue húmeda y mete suavemente un dedo en el sustrato (hasta la altura del nudillo). Si con cualquiera de estas dos comprobaciones el sustrato sigue mojado, tu plántula no necesita más riego.
La frecuencia y el volumen de riego deben ir acordes al tamaño del contenedor. En una maceta grande, riega solo un pequeño anillo alrededor de la plántula y amplía ese anillo a medida que crece; empapar todo el recipiente mantiene la zona radicular fría y encharcada durante demasiado tiempo.
Las señales de falta de riego incluyen hojas lacias y una maceta ligera y seca. El exceso de riego suele verse como hojas pesadas e hinchadas, decaimiento constante y un sustrato que sigue mojado durante días. Para más detalles, consulta nuestra guía sobre cómo regar plantas de cannabis.
Nutrientes para plántulas de cannabis

En la mayoría de cultivos, las plántulas de cannabis no necesitan abono en absoluto durante las primeras 1–2 semanas. El crecimiento inicial se alimenta de los nutrientes almacenados en la semilla, y un sustrato ligero y de calidad ya trae lo necesario para arrancar.
Si aun así empiezas a fertilizar, espera hasta ver un par de tandas de hojas verdaderas y que la planta esté pidiendo claramente más. Empieza con una dosis muy baja y sube poco a poco. El principal riesgo al abonar plántulas es la quemadura por exceso de nutrientes, que suele mostrarse con hojas oscuras, en forma de garra y puntas secas; esto puede frenar el desarrollo cuando el sistema radicular aún es inmaduro.
Tu método de cultivo también influye. En tierra, menos es más porque muchas mezclas ya vienen preabonadas. En coco, normalmente necesitarás antes una nutrición suave y equilibrada (más calcio y magnesio). En hidro, los nutrientes son imprescindibles, pero deben ir más diluidos y con un control cercano. En cualquier caso, vigilar bien el pH y la EC es clave. Para una visión más completa, lee nuestra guía sobre nutrientes del cannabis.
Posibles problemas durante la fase de plántula

Los problemas potenciales (exceso de riego, quemadura por nutrientes, estrés por luz) golpean con más fuerza al principio, porque las plántulas tienen pocas reservas y una zona radicular diminuta. Si ahora se estanca el crecimiento, es posible que la planta no llegue a “ponerse al día” del todo, incluso aunque más adelante mejores las condiciones.
La mejor defensa es detectarlo pronto. Revisa tus plántulas a diario para ver si hay decaimiento, espigamiento, decoloración o curvatura de las hojas, y haz una sola corrección pequeña cada vez, en lugar de tocar varias cosas a la vez.
Exceso de riego y problemas de raíces
Las plántulas con exceso de riego suelen verse caídas y “pesadas”, aunque el sustrato esté mojado. El crecimiento se ralentiza, las hojas pueden curvarse hacia abajo en forma de garra y la superficie puede permanecer húmeda el tiempo suficiente como para que aparezcan algas o mosquitas del sustrato. En los peores casos, el tallo se afina en la base y se vence.
Para solucionarlo, deja de regar hasta que la maceta se note claramente más ligera y los primeros un par de centímetros se hayan secado. Mejora la ventilación y el calor, evitando pulverizar el sustrato.
La prevención se reduce a un buen drenaje y al sustrato adecuado. Usa macetas con suficientes agujeros y una mezcla ligera y aireada (muchos cultivadores añaden perlita). Riega en pequeñas cantidades alrededor de la planta, en lugar de empapar todo el contenedor.
Quemadura por nutrientes y carencias
La quemadura temprana por nutrientes se nota en puntas de las hojas marrones, un follaje más oscuro de lo normal y una ligera “garra”, porque la planta intenta gestionar una nutrición demasiado fuerte. En plántulas, esto puede pasar rápido, sobre todo en sustratos muy ricos o si introduces abonos embotellados demasiado pronto.
Las carencias reales son relativamente raras en esta etapa, porque la semilla aporta un colchón inicial de nutrientes y la mayoría de sustratos de inicio contienen suficiente para el crecimiento temprano.
Los pasos correctivos son sencillos: deja de abonar, riega solo con agua (con el pH ajustado) y permite que el sustrato se seque correctamente entre riegos. Si cultivas en coco o en hidro, baja la EC y renueva la solución. Para más detalle, consulta nuestra guía sobre quemadura por nutrientes.
Estrés lumínico y espigamiento en plántulas
Las plántulas se espigan cuando van “a la caza” de luz. Si la lámpara está demasiado lejos (o se queda corta de intensidad), el tallo se alarga muy rápido y un brote de cannabis que parecía robusto puede convertirse en una planta larga, débil y tambaleante.
La intensidad importa tanto como la distancia. Usar el PPFD adecuado para plántulas de cannabis ayuda a mantener los entrenudos compactos; demasiado poco favorece el espigamiento, mientras que demasiado (o el exceso de calor) puede provocar estrés por luz, con hojas que se curvan hacia arriba, decoloración o crecimiento estancado.
Para corregir una plántula espigada con seguridad, baja la luz en pequeños incrementos o aumenta la intensidad poco a poco, y añade una brisa suave para fortalecer el tallo. Al trasplantar, también puedes enterrar parte del tallo estirado para darle soporte; eso sí, no compactes el sustrato en exceso. Para un contexto más amplio, consulta nuestra guía sobre estrés en la planta de cannabis.
¿Qué viene después de la fase de plántula?

Cuando tu planta tenga varias tandas de hojas verdaderas y muestre un crecimiento constante y vigoroso, estará lista para pasar a la fase vegetativa. Aquí es cuando aumentan la estructura y la velocidad: las raíces se expanden a toda pastilla, los tallos engordan y la planta empieza a ganar tamaño de verdad.
Es normal que tengas que ajustar el entorno a medida que aumentan las necesidades. Por lo general, irás bajando la humedad poco a poco, subiendo la intensidad de luz y empezando una rutina de abonado más constante (según el sustrato). También suele ser el momento de trasplantar a una maceta más grande si empezaste en un contenedor pequeño. Para seguir con la progresión de la guía de cultivo, consulta nuestra guía sobre el periodo vegetativo.
Claves para cultivar plántulas de cannabis sanas

Unas plántulas de cannabis sanas salen de hacer bien lo básico, con constancia, y de resistir la tentación de pasarse. Prioriza la estabilidad: luz suave, un sustrato aireado y un ritmo de riego sensato; así evitarás la mayoría de problemas típicos del arranque.
Quédate con estas ideas:
- Watch the plant, not the calendar; small changes show up fast at this stage.
- Be patient with feeding; seedlings need very little, and “more” is usually worse.
- Make adjustments gradually and change one variable at a time.
Si estás avanzando paso a paso con tu cultivo, sigue la guía completa durante la fase vegetativa y más allá para mantener los parámetros a punto a medida que suben las necesidades de tu planta.
