LSD 101: Visión General

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LSD 101: Visión General

La gente alucina cuando toman LSD o ácido. Es un hecho conocido. Te tomas un par de papelinas y empiezas a ver elefantes rosas y a escuchar música que no existe. Así es como funciona.

La gente alucina cuando toman LSD o ácido. Es un hecho conocido. Te tomas un par de papelinas y empiezas a ver elefantes rosas y a escuchar música que no existe. Así es como funciona.

Lo que la gente no sabe es que el LSD también causa lo que se conoce científicamente como “delirios.” No te asustes por el aspecto negativo de este término; es solo el vocablo que emplea el campo de la medicina para definir el fenómeno. Ambas son parecidas, pero tienen una diferencia particular.

Una alucinación es probablemente lo que crees: una imaginación que alguien oye, ve o siente de alguna manera, pero que en realidad no existe. Puede que hayas tenido la experiencia de levantarte muy rápido después de haber estado sentado durante un rato largo, y sentir que de repente se te va la cabeza y ves estrellas, colores o formas. Estas formas de luz son alucinaciones; aunque las ves delante de ti, eres consciente de que no existen, y de que desaparecerán en uno o dos segundos. Las alucinaciones son muy comunes.

Un delirio, por otro lado, es una distorsión sensorial o del pensamiento, en la que la persona desconoce completamente que está ocurriendo algo fuera de lo normal. Lo más probable es que nunca hayas tenido un delirio, o que hayas tenido un par y que ni siquiera te acuerdes. La gente puede sufrir delirios cuando toman medicamentos fuertes o drogas recreativas, si están malnutridos o no han ingerido suficiente comida o bebida, o simplemente por estar muy estresados durante mucho tiempo. Los delirios son menos comunes y normalmente mucho más intensos. Un articulo online que leí, hablaba sobre un tipo que inhaló un enorme bol de extracto de Salvia y comenzó a gritar a sus amigos, pensando que eran criaturas salvajes que habían invadido su casa. Eso es un delirio.

Una vez aclarado esto, ¿cuánto duran las alucinaciones y delirios provocados por el LSD? Bien, el viaje, como se llama a la experiencia de LSD desde su inicio hasta el final, normalmente comienza entre media y una hora después de haberse tomado, dependiendo de la dosis y del contenido del estómago de la persona. Si tomas una dosis con la que esperas tener delirios, es probablemente una dosis alta, y el viaje comenzará también de manera rápida.

¿Qué otros efectos se experimentan durante un viaje con LSD? Habrá ciertas indicaciones físicas aparentes: tus pupilas se pueden dilatar, el ritmo cardíaco y la presión sanguínea pueden aumentar de manera temporal, la temperatura también puede subir y se pueden producir sudores. Ninguno de estos efectos es nocivo de manera permanente, a no ser que se mezcle con otras drogas o se dé una condición preexistente. Alguien con una tolerancia alta o que haya tomado una dosis relativamente alta puede sentirse mareado, adormecido o aturdido, su visión se puede nublar o desenfocar y puede sentir una sensación de hormigueo. Durante un “mal viaje”, los desagradables efectos secundarios de este tipo, suelen estar conectados a las alucinaciones o delirios que experimenta el usuario; por ejemplo, una persona que tomó una dosis alta por accidente, contaba que en cierto momento vio que su cuerpo estaba envuelto en una especie de pelo grueso, pinchándole la piel y causando un “cosquilleo en sus dedos y manos como si fueran agujas o alfileres”.

Las alucinaciones visuales son las más comunes, con diferencia, en los viajes con LSD. Con dosis ligeras, una persona que haya tomado ácido experimentará una percepción más aguda de los colores y visiones. Las cosas parecen más brillantes y delimitadas; las formas naturales se destacan; los colores son vívidos e intensos. A medida que aumenta la dosis, las alucinaciones visuales que no pertenecen al mundo real, comienzan a manifestarse: halos de luces se forman alrededor de objetos brillantes y las cosas y luces en movimiento dejan una “estela” en su camino. Aparecen formas geométricas de colores vivos en superficies y paredes, y se intensifican cuando el usuario cierra los ojos; verá cosas como cuadriculas de bordes fluorescentes, formas intricadas de colores compuestos por numerosas líneas dispuestas siguiendo un patrón, y fractales emergentes que avanzan por el espectro de los colores o por parte de este, a medida que las iteraciones suben y bajan.

Un viaje de ácido también puede ser revelador. Los “muros” normales que separan los pensamientos lo bastante importantes como para preocupar a la mente consciente de los que no lo son, parecen derrumbarse. Una línea de pensamiento parece fluir y penetrar en otro torrente de pensamientos conectados; distintos hilos de pensamiento, a veces parecidos y otras sin relación alguna, pueden tomar distintas direcciones a la vez. Si un usuario ha tomado la dosis correcta de LSD, el viaje será también edificante y eufórico; esta sensación se ha descrito como “moral alta en aumento.” El usuario encontrará una nueva belleza en las cosas que antes le parecían inútiles o mundanas, encontrará nuevas conexiones que antes habría pasado por alto. Por esta razón, mucha gente lo define como un enteógeno: una substancia que fomenta un esclarecimiento religioso y espiritual.

Con dosis más elevadas, el tiempo parece detenerse, luego acelerar, y detenerse otra vez, o hasta pararse del todo e ir al revés. Se puede dar una confusión de los sentidos, llamada sinestesia, con la que se saborea una canción o se escucha un color.

En lo que a la afección al juicio se refiere, el LSD pude hacer cosas muy parecidas al alcohol, y hasta en mayor medida. Si tomas demasiado LSD, puedes empezar a tambalearte, a pronunciar mal y hasta a “olvidarte” de tu sentido común de manera temporal, de la misma manera que si te tomas unos cuantos chupitos de vodka. Por lo que los usuarios de LSD que planean tomar más que una dosis ligera, lo suelen hacer acompañados de alguien sobrio, simplemente para que no les permita hacer algo de lo que se puedan arrepentir. No puedes morir por LSD, pero,

Amigos y parientes cercanos que han tomado ácido a la vez, suelen decir que sienten un vínculo espiritual de cierto tipo durante la experiencia. Alguno puede decir algo que a la mayoría les suene a completas sandeces, pero para otros, tendrá sentido. Se sienten conectados, como si su relación se hubiera hecho más fuerte, y hasta que se están convirtiendo en “uno”.

Pero de fuera, sobre todo para alguien que no tenga mucha experiencia con LSD, una persona en un viaje de ácido puede parecer extraña y hasta dar miedo. Puede que ande sin rumbo, hablando solo de temas al azar, con hilos de pensamiento incoherentes. Alguien sobrio encontrará difícil comunicarse con ellos.

Ahora, cada vez más, cuando alguien toma LSD, espera tener un “buen viaje”. Quiere disfrutar de las elaboradas alucinaciones o viajar por partes de su consciencia que no sabían que existían. Pero las dosis no siempre son fiables, e incluso con la dosis adecuada, y sin razón aparente, puede aparecer un “mal viaje”.

Un mal viaje puede ser aterrorizador y hacer que el usuario se sienta completamente fuera del control de su propio cuerpo y pensamientos, abandonado a lo que el viaje de LSD traiga con él. Con dosis muy altas (que no son tan comunes en la actualidad como lo eran en los 60 y 70, durante el apogeo del LSD), el estado de ánimo de un usuario puede cambiar de forma drástica, pasar de la euforia a la depresión sin aviso. El viaje puede borrar por completo la realidad, dejando al usuario completamente ignorante del mundo que le rodea, perdido en una tierra de sueños llena de extravagantes alucinaciones y misteriosos paisajes. No es muy divertido si lo que esperaba eran formas de colores vivos en las paredes.

Aunque no sabemos lo que ocurre exactamente en el cerebro para que se produzca un mal viaje, existen varias medidas preventivas que podemos tomar para que las probabilidades de que eso ocurra sean menores. Lo primero de todo, asegúrate de que la dosis que tomas es la correcta para ti. No tomes cualquier papelina y te la tragues; pregunta cuánto deberías tomar a alguien con experiencia y que haya probado el mismo lote. O si puedes tomar la dosis por microgramo, deberás tomar menos de 100 gramos de LSD en tu primer viaje. Además, no debes tomar ácido justo antes de una clase o del trabajo, o de una cena con tus padres; sería estúpido. Asegúrate de estar en el entorno adecuado: un lugar cómodo donde te puedas sentar y relajar sin distracciones, y de hacerlo cuando estés de buen humor. Si te sientes deprimido, ansioso o decaído, no lo hagas.

En numerosas ocasiones, alguien que observaba a un usuario de LSD tener un viaje duro, ha estado a punto de llamar al 112 y hacerlo y que los paramédicos se lo lleven a urgencias. Ahora, no voy a entrar en si deberías o no llamar a la policía en una situación como ésta. Lo que voy a decir es que tú y la persona que va a tener el viaje deberéis tomar esta decisión antes de empezar a pensar en tomar LSD. Pensar con antelación es la clave para tener una buena experiencia. La mayoría de las veces, en urgencias no se hace más que darle al usuario un vaso de agua y una cama para que se tumbe. Como mucho, le darán un sedante para calmarle y amortiguar la intensidad del viaje. Pero en general, los usuarios de LSD que acaban en el hospital, se recuperan por sí mismos.

Algunas personas, tras experimentar un viaje, dicen no al acido para siempre. Otros se lo toman como una lección, ajustan su dosis de LSD y continúan intentando tener buenos viajes. Y otras más, no aprenden, y lo hacen una y otra vez, sin entender de lo que va la droga. El LSD es una herramienta; lo bien que funcione dependerá de la persona que lo usa.

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