Cazadores de mitos: LSD


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LSD


Mucha gente querrá hacerte creer que las experiencias psicodélicas no tienen ningún valor. ¿El LSD sólo sirve para tener alucinaciones o hay algo más? ¿Qué es realidad y qué es ficción? Zamnesia quiere ayudarte a entender estos aspectos lo mejor posible.

CAZADORES DE MITOS DE ZAMNESIA

En una época en la que la prohibición ha reinado desde que cualquier persona con vida tiene memoria, la información se corrompe. Las sustancias que alteran la mente, junto a su preparación, consumo y efectos, están rodeadas de mitos y leyendas urbanas, o directamente de mentiras descaradas. La investigación científica a largo plazo se ha visto obstaculizada por las restricciones legales que existen sobre la mayoría de drogas. Los muros se están derribando, pero aún queda mucha confusión y se siguen difundiendo ideas falsas.

En su afán por querer ofrecer a sus clientes un buen rato, una buena salud y un recuerdo agradable, Zamnesia analiza los clichés en torno a las drogas y se asegura de que tengan toda la información que necesitan. Infórmate bien antes de inhalar, esnifar o ingerir cualquier producto de nuestra variada headshop o de tus amigos.

EL MITO DEL LSD

Hay quien te querrá hacer creer que los efectos del LSD y otros psicodélicos son meros espejismos sin importancia. Aunque parezcan profundas, las experiencias psicotrópicas son simples alucinaciones.

Este tipo de presunciones es un artificio de la mentalidad de la guerra contra las drogas que, teniendo en cuenta diversos estudios contemporáneos, ha demostrado ser ridículamente ingenua. Recientes observaciones científicas sobre los efectos del LSD demuestran lo que ocurre en el cerebro humano durante un viaje. Con ayuda de las técnicas más modernas de mapeo cerebral, se ha arrojado nueva luz sobre lo que significa estar bajo los efectos de sustancias psicodélicas.

Se han observado una actividad y una interconexión cerebral parecidas a la del cerebro incorrupto de un niño. Partes del cerebro que normalmente podrían no estar conectadas, participan en el procesamiento de la información; y esto es especialmente cierto en el caso de la corteza visual. Zonas del cerebro que no suelen estar implicadas en el procesamiento de la visión, actúan bajo la influencia de LSD.

Independientemente de las distintas opiniones, una cosa es cierta: el LSD y las drogas psicodélicas en general forman parte de la experiencia humana y han venido para quedarse. A medida que pasa el tiempo, ganan popularidad y la ciencia empieza a comprenderlas mejor. Si queremos avanzar de forma positiva, debemos crear una forma más sofisticada de lidiar con ellas y no limitarnos a su simple prohibición.

HISTORIA DEL LSD

En 1938, mientras trabajaba con el ácido lisérgico derivado del cornezuelo, el Dr. Albert Hofman sintetizó por primera vez el LSD. Trabajaba como investigador químico para la farmacéutica Sandoz, y buscaba un analéptico o estimulante respiratorio y circulatorio. El LSD-25, o dietilamida de ácido lisérgico, se consideró como carente de todo valor terapéutico real y su estudio se abandonó durante varios años.

Albert Hofmann

En 1943, el Dr. Hofmann regresó para seguir con su investigación y absorbió una pequeña cantidad por accidente; probablemente a través de la piel. La consiguiente experiencia, leve, pero al mismo tiempo aterradora y excitante, le animó a seguir investigando, y tomó una dosis de 0.25mg con agua, convirtiéndose así en el primer ser humano en emprender un viaje con LSD. El Dr. Hofmann alabó las virtudes del LSD hasta su muerte en el 2008.

El LSD era una curiosidad muy debatida entre psiquiatras hasta que llegó a oídos de la opinión pública gracias al Dr. Timothy Leary. Su proyecto de investigación psicodélica de la Universidad de Harvard fue el precursor del "tune in, turn on, drop out". Esta revolución cultural arrasó en todo el mundo, pero al final salió el lado más oscuro del ácido. Toda una generación de drogatas que aún creían que podían comprar entendimiento a tres dólares el viaje.

En los años 70, el ácido ya formaba parte del tejido cultural. Abiertamente debatido y consumido (en muchos casos de forma abusiva) por artistas y músicos, locutores y deportistas, desde entonces el LSD se hizo hueco en muchas subculturas. El Mancurian Beat de finales de los 80 y la cultura rave de los años noventa, fueron impulsadas por el LSD. En los deportes extremos se consumían microdosis de LSD para mejorar la agudeza visual y el control de la motricidad. La microdosificación también se utiliza como una forma de silenciar el ruido mental y mejorar la concentración de jóvenes profesionales en busca de inspiración para su "próximo gran paso".

LSD Y EL CEREBRO

LSD y el cerebro

La experimentación con seres humanos se lleva a cabo desde los años 50, cuando se pensó que el LSD podría usarse para tratar varias formas de trastornos psicopáticos. En la misma época, la CIA experimentaba con el LSD como droga incapacitante o asesina sin armas para la guerra. Sólo recientemente, con la aparición de tecnologías avanzadas de escaneo cerebral, se han podido observar mejor los cambios que ocurren en el cerebro en tiempo real.

Un proyecto de investigación de crowdfunding realizado por la Fundación Beckley, ha revelado cómo es el cerebro bajo los efectos del ácido. La directora de la fundación, Amanda Fielding dice: "Por fin estamos desvelando los mecanismos cerebrales en base al potencial de LSD, no sólo para sanar, sino también para profundizar nuestro entendimiento de la consciencia en sí misma".

Se ha descubierto que, bajo los efectos del LSD, la estructura jerárquica del cerebro se reorganiza con el fin de que sus diferentes partes se comuniquen directamente unas con otras, en lugar de ser editadas, filtradas y priorizadas.

Curiosamente, se ha observado que las partes del cerebro que procesan la audición, la atención, el movimiento y la visión, se conectan más, dando la impresión de un cerebro más unificado. Hay una marcada disminución de conectividad entre el parahipocampo y la corteza retrosplenial, lo que indica que en estos sistemas es donde se prioriza la información y que son las partes del cerebro donde residen la autoestima y el ego.

Las reducciones de la conectividad se correlacionan con sensaciones de disolución del ego y alteración del significado. Las zonas del cerebro que experimentan una mayor conectividad podrían explicar la intensa naturaleza visual del efecto del LSD y por qué se suelen oír colores y ver sonidos.

El autor del estudio, el profesor David J. Nutt, dice: "La droga se puede ver como un retorno al pensamiento más restringido que desarrollamos en la infancia. Este estudio podría allanar el camino para que el LSD y otros productos químicos relacionados, se utilicen en el tratamiento de trastornos psiquiátricos, y podrían sacar al cerebro de los patrones de pensamiento que se ven en la depresión y la adicción".

QUIZÁS NO IMPORTE

Con la singularidad en el horizonte y la clara posibilidad de fracaso ecológico a la vuelta de la esquina, puede que la naturaleza de la experiencia sea irrelevante. Tanto si se trata de simples caprichos de la química del cerebro como de una vía de acceso a otro estado del ser, la ciencia será la encargada de descubrirlo. En cualquier caso, el LSD nos aporta un vistazo sensorial de la empatía necesaria para dar el siguiente gran paso en la evolución humana.  

La supervivencia del más fuerte y un estilo de vida cuyo mantra es más, más y más, amenazan a nuestra especie con la extinción. La experiencia psicodélica revela que el futuro depende de la supervivencia de los más amables. Los objetivos mutuamente beneficiosos logrados mediante la cooperación pueden aportar el equilibrio necesario con el mundo natural que los seres humanos aún no dominan.

Cuando hablamos del LSD, surgen preguntas inevitables que el ser humano se ha formulado desde el surgimiento de la comunicación. ¿Qué es el yo? ¿Qué es la mente? ¿Qué es la consciencia? Se especula mucho, pero se sabe muy poco. Lo que sea que sean, la introducción del LSD en la ecuación aporta experiencias que desafían fronteras, estereotipos, demografías y culturas.

Estos temas comunes son el verdadero valor de la experiencia psicodélica. Alegría, empatía, respeto, júbilo y belleza, nos revelan algo compartido por la condición humana y nuestro lugar en la naturaleza. Deberíamos valorar las percepciones que nos ayudan a salvarnos de nosotros mismos, aunque sean espejismos.

CAZADO

Alucinación y espejismo son términos que implican que algo no es real. Los magos confunden nuestros sentidos con sus trucos. Puede que el LSD confunda los sentidos, pero la ciencia indica que el LSD es algo más que una droga para alucinar. La investigación científica de los psicodélicos aún está en pañales, pero ya se han observado los efectos positivos del LSD, que podría ser un poderoso medicamento y herramienta para ayudarnos a entender el funcionamiento de nuestro cerebro. Puede que el chamanismo y la ciencia acaben siendo dos caras de la misma moneda.

 

         
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