Soma: el enteógeno ancestral

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Soma: el enteógeno ancestral


El soma es un misterio ancestral. ¿Procedente del cannabis? ¿De la Ephedra? Quizás fuese una seta alucinógena. Aquí exploramos la historia y la leyenda psicodélica del soma.

Uno de los mayores misterios que han desafiado a los investigadores durante siglos es el descubrimiento de una sustancia llamada soma, que era ofrecida a los dioses y consumida por sacerdotes védicos en las ceremonias religiosas de la cultura indoaria primitiva. Los únicos registros de ella, que datan de más de 3.000 años de antigüedad, usan el término para referirse al jugo de una planta que es altamente embriagadora y produce estados mentales propios de los dioses. Pero, ¿qué es el soma? Dado que muchos aún dudan, consideramos que deberíamos echar un vistazo en profundidad por nosotros mismos.

ORÍGENES

El soma fue llevado a la India durante las migraciones entre 2.000 y 1.500 años a.C. junto con una variante del sistema de lenguas indoeuropeo, conocido como Sánscrito. Según su propio legado era gente que bebía mucho, carnívoros, pastores, luchadores y criadores de caballos, que dominaban a todas las poblaciones a su paso y según hipótesis recientes de arqueólogos basadas en pruebas con carbono, probablemente destruyeron Mohenjo Daro, la gran ciudad de la civilización del río Indus, alrededor de 1.500 a.C.

Bebida de Soma

Como la mayoría de conquistadores, fueron finalmente absorbidos por los conquistados, que eran más civilizados que ellos. Sin embargo, su idioma siguió prevaleciendo e incluso extendiéndose, así como su religión, de la que muchos eran fervientes devotos. Esta religión incluía una serie de dioses naturales: Indra, dios jefe y creador de las tormentas eléctricas; Agni, dios del fuego; Varuna, protector del orden universal; el Dios Sol; y muchas otras deidades con menor importancia. Un panteón como el de la Antigua Grecia. Los himnos a estos dioses se convirtieron en una parte importante de la literatura primitiva, conocida como Vedas, y en el Rig Vedas, la obra más antigua, hay un himno dedicado al soma, que por lo visto había adquirido el estatus de dios.

De hecho, un libro entero de Rig Veda (de ciento catorce himnos) está totalmente dedicado al dios soma. Según estas fuentes védicas, el soma era una planta que tenía tallo pero no hay referencias a sus hojas, que sólo crecía en las montañas, podía ser de un color rojizo, y que se asociaba con el sol y la luna. Para los sacrificios védicos, sus troncos eran machacados con piedras para extraer su jugo, que luego era colado a través de filtros y mezclado con cuajada, leche y agua de cebada o miel. Parte de este brebaje se vertía en los fuegos rituales y los sacerdotes bebían otra parte. Bajo su influjo, los poetas védicos se expresaban y predicaban efusivamente, y a lo largo del Rig Veda se referían a él, en ocasiones, con un fervor que podría considerarse alucinante. Así dice el Himno 48 del Libro VIII del Rig Veda:

Hemos bebido el Soma, nos hemos convertido en inmortales, hemos llegado a la luz, hemos encontrado a los dioses.
Qué puede hacer ahora el enemigo para herirnos, qué malicia puede entretener a los mortales, oh Soma.
Entra en nuestros corazones. Mientras estamos ebrios, oh Drop, como un buen padre, oh Soma, para un hijo.
Como un amigo sabio a otro amigo, oh Expansivo. Amplifica, oh Soma, nuestras vidas con el propósito de vivir.
Con el espíritu animado de su zumo, debemos compartirlo, como si fuese salud eterna.
Oh Soma, prolonga nuestras vidas, como el Sol prolonga los días en primavera.

LA DESAPARICIÓN

Posteriormente, incluso cuando la última parte del Rig Veda aún se estaba redactando, la planta soma desapareció de la literatura, y no reapareció a lo largo del período de los escritos védicos conocidos como los Bráhmanas (alrededor de 800 a.C.). Todavía era venerado, pero se comenzaron a utilizar sustitutivos, y hay registros de ellos. Parece que los más comunes eran diversas formas de las plantas Periploca, Ephedra y Sarcostemma (ésta última relacionada con la planta del algodón). Estas plantas, de forma confusa, se corresponden con la descripción del soma en que casi carecían de hojas y tenían jugo y "nódulos" (la planta soma era descrita a menudo en los escritos post-védicos como vallī, o trepadora).

Otros sustitutivos eran hierbas, flores, la sabia de los árboles, el fruto del baniano y el mijo cosechado. Ninguno de estos son psicoactivos, y su uso era, probablemente, puramente ritual. Poco antes del 1.000 a.C., el soma se dejó de utilizar en ceremonias, pero no había caído en el olvido. En la India de hoy en día, los sustitutos más frecuentes son las plantas similares al algodón y una hierba aromática que sin duda resultará familiar a nuestros lectores, conocida como Hindu Kush.

EL MISTERIO

Cuando los vedas fueron descubiertos por historiadores europeos en el siglo XIX, había grandes dosis de misterio alrededor de la planta soma. Algunos creían que sólo había sido un condimento, como el lúpulo, que se añadía a una bebida fermentada, como la cerveza. Otros creían que era un hidromiel (miel fermentada). Los nombres de la uva afgana salvaje y la ruda de las montañas también se barajaban. El famoso arqueólogo británico Sir Aurel Stein adelantó la teoría de que la planta soma podría haber sido ruibarbo salvaje, una planta que encaja con las descripciones porque tenía tallos carnosos, era rojo y sólo crecía en las montañas. Pero el jugo del ruibarbo no es embriagador, y sus propiedades no son similares a las que conducían a los poetas védicos a sus rezos eufóricos y al éxtasis. Otra hipótesis que se manejaba era que fuese una bebida como el actual bhang indio, un brebaje de marihuana que todavía se usa en sacrificios a la diosa Durga.

LAS HIPÓTESIS

El misterio sigue sin ser resuelto. Pero a mediados de los años 50, llamó la atención de Robert Gordon Wasson, un micólogo aficionado, pero perseverante, que llevaba tiempo estudiando las setas alucinógenas. Wasson había sido periodista y luego vicepresidente de J.P. Morgan. Durante su carrera en el sector financiero, había estudiado las setas, tras haber despertado su interés su esposa rusa, Valentina, que estaba familiarizada y entusiasmada con las variedades comestibles.

Wasson persiguió su afición, o su segunda carrera, con empeño. Viajó a México, durante la época de lluvias durante diez años seguidos para estudiar el consumo de setas en las remotas montañas del interior. Descubrió y probó las setas sagradas de esta región. Eran alucinógenas, obviamente. Producían un estado de calma desvelada en el que aparecían las visiones, y luego un sueño profundo. Había leído informes antropológicos sobre Siberia/Asia del Norte, donde los chamanes nativos bebían el zumo de la Amanita muscaria para entrar en trance. Pero las setas mejicanas no pertenecían a la Amanita muscaria, ni a la familia de las matamoscas. Wasson se comenzó a relacionar con Aldous Huxley, que había experimentado con las setas mejicanas, y compartieron muchas experiencias sobre ellas. Por lo visto, Huxley creía que el soma había podido ser una seta alucinógena.

En "La isla", una novela que escribió justo antes de su muerte, describía un paraíso terrenal, bastante similar a la India, donde todo el mundo era feliz, y bebía el jugo de una seta amarilla. Pero la idea de que el soma podría haber sido una seta aún no se había pasado por la cabeza de Wasson. Cuando lo hizo, unos años después, buena parte de todo lo que había aprendido, empezaba a encajar. A través de amigos que sabían sánscrito, algunos de ellos especialistas en vedismo, llevó a cabo un completo estudio de los Vedas, en especial el Rig Veda, con sus numerosas referencias al soma. Contrató a Dr. Wendy Doniger O'Flaherty, de la Universidad de Londres, para recopilar las referencias védicas sobre él y consultó a Louis Renou, el gran experto francés del vedismo. Cuando Wasson había terminado su investigación, tenía mucha información que sugería que el soma no sólo era una seta sino que concretamente era la Amanita muscaria que todavía hoy en día consume la población de Asia del Norte.

LAS PRUEBAS

Las pruebas o evidencias para estas hipótesis eran complejas, y llevaron a Wasson a muchos campos, entre ellos la filología. Las pruebas se basaban en los siguientes hechos: en las descripciones del soma en los Vedas (que son escasas, a pesar de que las ideas poéticas en torno a él son realmente abundantes) no se mencionan hojas, semillas, frutos, flores ni raíces que se correspondan con ninguna planta clorofílica. Tampoco se menciona que fuese verde, negra, gris, oscura o azul (los colores vegetales).

El adjetivo cromático más frecuente utilizado en los Vedas para referirse al soma es hari. El hari es semejante al hiranya (dorado) o rojo. Hari se había usado en literatura sánscrita para describir el color rojo o ligeramente amarillo, siempre resaltando su aspecto brillante y resplandeciente. Cuando los Vedas se refieren al soma como un toro, lo hacen en ocasiones como un toro rojo ("toro" es el adjetivo en sánscrito para referirse a cualquier cosa noble y que asume una posición de liderazgo).

Otros pasajes describen al soma como aruna (término que va del marrón claro al rojizo del atardecer), arusa (color del sol) y babhru (marrón rojizo o dorado oscuro). El jugo de la Amanita muscaria es, curiosamente, marrón rojizo, y la propia seta es roja brillante, una vez se ha pelado su recubrimiento original. Un fragmento en los Vedas (Rig Veda IX, 71) parece describir parte de la historia de la Amanita muscaria: "Avanza agresivamente como asesino de las gentes, rugiendo poderosamente.

 

 

Investigación del soma

Se desprende de su propio color. Abandona su envoltorio, va al encuentro con el padre. Con lo que sobra, hace constantemente sus vestimentas para grandes ocasiones." La referencia es, según Wasson, sobre la potencia extraordinaria con la que la seta se abre paso entre la superficie del terreno y luego muda su recubrimiento blanquecino típico de la Amanita muscaria. Él interpreta que la "vestimenta para grandes ocasiones", se refiere a las escamas blancas que se adhieren a la planta madura. No hay otras referencias al proceso de muda de piel: "Como una serpiente, se deshace de su vieja piel."

En ciertas ocasiones se menciona que la planta soma tiene un ojo: "El sol (soma) mira con su ojo los lugares preciosos y al más alto de los cielos", "El soma que tiene por ojo al sol... salpica hacia delante... fluye a lo largo del mundo". Wasson señala que es poco probable que ninguna enredadera, viñedo o variedad de planta del algodón pueda describirse de esa forma. Pero la Amanita muscaria tiene un tronco carnoso, y como hemos dicho, es roja. Una Amanita muscaria joven tiene un aspecto similar a un ojo, especialmente de noche, cuando brilla gracias a una extraña capacidad de radiación. El jugo del tallo del soma es mencionado continuamente en el Rig Veda. Muchos candidatos que podrían sustituir a la Amanita muscaria no tienen un tallo de este tipo, los tallos de las trepadores suelen ser leñosos, como los de la marihuana. Para Wasson, la teoría de la Amanita muscaria tenía mucho sentido.

CULTIVO

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La Amanita muscaria jamás ha sido cultivada con éxito, ni siquiera en laboratorio. Sólo crece al pie de los pinos, abetos y abedules.

La mayoría de los expertos coinciden en que los Arios llegaron del noroeste de Europa, se asentaron durante un período considerable en una llanura cerca del mar Caspio y luego invadieron el valle del Indo y la India. Hay pruebas lingüísticas de que vivieron durante una época en contacto directo con poblaciones que hablaban idiomas ugrofineses, y cogieron palabras de ellos. El origen de las lenguas ugrofinesas está en Asia del Norte, pero hay pruebas históricas de que los nativos ugrofineses entraron en contacto con parlantes del indoeuropeo cerca del mar Caspio alrededor del 2.500 a.C.. La Amanita muscaria crece al nivel de mar desde Kamchatka hasta Noruega. Pero en la India sólo crece en las montañas más altas, por encima de los 2.500 metros de altitud. Todavía se encuentra en las cimas del Hindu Kush y el Himalaya. En todos estos lugares, los abedules, pinos y abetos son abundantes. Pero no se encuentran en los valles al sur del río Amu Daria o las planicies del río Ganges, y por tanto tampoco la Amanita muscaria.

La teoría de Wasson es que los arios debieron acabar con la producción de Amanita muscaria cuando invadieron el noroeste de la India, y esto explicaría la ausencia de soma y la documentación sobre el uso de sustitutivos en los últimos himnos de los Vedas y los Bráhmanas. Sin embargo, el misterio que rodea al soma sigue vigente durante un buen tiempo. No se encontraron menciones en los Vedas de a un vallī, una trepadora; ése término sólo aparece en literatura más reciente, escrita según Wasson, mucho después de que la Amanita muscaria dejase de utilizarse.

PREPARACIÓN

Para usar el soma en rituales, tenía que ser almacenado durante un tiempo. Se secaba después de recolectarse y luego los tallos secos se empapaban con agua y se presionaban con piedras, o entre una piedra y una madera. Los Vedas hablan de tres filtros que el zumo tenía que pasar antes de ser consumido. Uno de ellos era la lana de oveja. Se cree que el primer filtro lo hacía el propio sol, y Wasson cita pasajes del Rig Veda, entre ellos éste: "Los claros rayos del sol se extienden sobre la superficie del Cielo, el filtro, oh Soma... Rey de todo lo que toca la luz del sol, Soma se limpia a sí mismo. Triunfando sobre los profetas, él hizo resonar la palabra del camino, él que es purificado por los rayos del sol, él, el padre de los poemas, Poeta Maestro jamás igualado". El tercer filtro era el sacerdote. Exacto, el proceso de digerir las setas, y luego consumir la orina resultante era una forma inmediata y menos nauseabunda de experimentar la psicodelia. ¿Asqueroso? Quizás. En realidad, sí. Pero para los arios, era el método de ingesta más potente y rápido, ya que los ácidos producidos en la digestión creaban más compuestos activos para su posterior consumo.

LA CONEXIÓN CRISTIANA

La mitología también tiene cosas que aportar sobre la Amanita muscaria. Wasson aporta la reproducción de un fresco, del año 1291, en una capilla de la abadía de Plaincourault, en Francia, que representa una Amanita muscaria como el árbol del cual la serpiente ofreció la fruta a Eva. En 1924, los rusos descubrieron un tapiz prehistórico (una imagen que Wasson también reproduce) en el cual unos pájaros contemplan las setas desde rocas altas. Y un fresco en las cuevas de Ajantā, en la India, representa lo que parece una Amanita muscaria. El Belcebú fue descrito como el dios de las moscas, y de hecho la Amanita muscaria atrae a las moscas y antiguamente se creía que las mataba, aunque sólo las aturde temporalmente. Fue utilizada como trampa para moscas en las casas en Europa hasta hace poco tiempo. Todavía queda mucho por investigar y, también, especular. Por ahora, esto sigue siendo la única hipótesis convincente que existe sobre el misterioso soma.

 

         
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