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Hay pocas cosas que un poco de mango, piña y plátano no puedan arreglar. Batidos con leche y una dosis de kratom en polvo, se convierten en un batido con sabor a vacaciones que disimula de maravilla ese punto amargo y terroso tan característico del kratom. Si ya has probado el kratom y su sabor no te convenció, esta receta es la solución.
Un batido de kratom es exactamente lo que su nombre indica: un batido de frutas de toda la vida al que se le añade kratom. El kratom en polvo es el formato más fácil de usar, ya que se integra directamente en el líquido. El kratom triturado y los extractos líquidos también sirven, pero el polvo es la mejor opción para empezar.

Principalmente, por el sabor. El kratom en polvo tiene lo que podríamos llamar, siendo amables, un sabor peculiar, y la fruta tropical dulce lo camufla mucho mejor de lo que jamás lo hará el agua. Así disfrutas de todo lo que ofrece el polvo sin tener que bebértelo con cara de sufrimiento.
También conviene conocer sus efectos. En cantidades pequeñas, el kratom suele resultar energizante, algo parecido a un café bien cargado. En cantidades mayores ocurre lo contrario: produce una sensación más tranquila y relajante, y por eso hay quien reserva las dosis más grandes para la noche. La tolerancia varía de una persona a otra, así que empieza con poco y ve ajustando despacio hasta saber cómo te afecta.

En el mercado existen unas 15 variedades de kratom distintas, cosechadas por todo el Sudeste Asiático, cada una con su propio color de vena y su carácter según el tiempo de curado de las hojas. Si no sabes por dónde empezar, el maeng da verde es la variedad más extendida y un valor seguro en cualquier situación. Se vende en forma de polvo fino, lo que la hace perfecta para batidos. Eso sí, infórmate bien sobre la variedad que elijas antes de meterla en la batidora, porque los efectos cambian según la variedad y la dosis.

Las cantidades están en el panel de ingredientes de arriba, y la calculadora de porciones las ajustará por ti. En cuanto al equipo, solo necesitas una batidora, un vaso medidor y una cuchara. Del frutero al primer sorbo pasan unos cinco minutos.
Paso 1: Vierte la leche en la batidora, añade la fruta tropical y tritura a impulsos hasta que todo quede más o menos mezclado.

Paso 2: Añade tu dosis de kratom en polvo y bate a velocidad baja, para que el polvo se integre de manera uniforme en lugar de quedarse pegado a las paredes.
Paso 3: Sigue batiendo hasta obtener una mezcla totalmente homogénea, sírvela en un vaso y disfrútala bien fresca.

Tómate esta receta como un punto de partida y no como un reglamento. El mango y la piña le dan un toque dulce y ácido; el plátano y la leche de coco la vuelven densa y cremosa. Una cucharada de proteína en polvo o un poco de matcha también le sientan de maravilla si le quieres pedir un poco más.
Y si hasta cinco minutos te parecen demasiado esfuerzo, siempre puedes remover una dosis de kratom en polvo en un batido comprado o en un zumo de frutas, o directamente hacerte con un shot de kratom listo para beber y ahorrarte hasta la batidora. Combina con prácticamente cualquier cosa, siempre que haya sabor suficiente para mantener a raya el amargor.
El batido tropical es solo uno de los seis que han salido de nuestra cocina kratomera. Los otros cinco siguen la misma lógica de siempre, todo a la batidora y el kratom en polvo al final, y cada uno aporta algo distinto al vaso.

Para los más golosos. Bate una cucharada y media de cacao en polvo, una cucharadita de canela, dos tazas de leche y dos tazas de kale crudo; añade después dos tazas de fruta y tritura a velocidad baja antes de incorporar el kratom. Sabe a postre, y el kale ni se ve ni se nota. Una variedad de vena blanca como el Maeng Da Blanco le sienta especialmente bien.

Aquí los arándanos hacen todo el trabajo: entre tres y cuatro tazas, incorporadas poco a poco a dos tazas de leche mientras trituras a impulsos. Añade un plátano grande congelado y troceado, luego el kratom, y bate hasta que la mezcla adquiera un violeta profundo. Una cucharada de proteína en polvo es un extra muy bienvenido.

Olvídate de la tostada de aguacate. Un aguacate maduro, dos tazas de leche, una taza de espinacas congeladas, media taza de piña congelada y un plátano grande congelado forman una base sorprendentemente cremosa; remata con un chorrito de lima, una pizca de sal marina y tu dosis de kratom. Suave, con su punto ácido y un poquito adictivo.

El primo contundente de la versión de chocolate. A dos tazas de leche y un puñado de kale, súmales una cucharada de crema de frutos secos (cacahuete, anacardo, almendra o avellana, todas valen), una cucharada y media de cacao, una cucharadita de canela y un plátano. Bátelo todo junto con el kratom hasta que quede sedoso. Lo dulce se encuentra con lo salado, y el resultado convence del todo.

El más ligero de todos. Sustituye la leche por una taza y media de agua, añade dos tazas de espinacas congeladas y media taza de mango y otra media de piña, y deja el kratom para el final. Fresco, verde y lo más parecido a empezar el día de cero que te puede dar un batido.
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