Setas de Psilocibina: Historia

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Setas de Psilocibina: Historia

Según la “Historia de la Seta Psilocybe” de Erowid, “Las setas alucinógenas han formado parte de la cultura humana desde al menos los primeros documentos históricos.”

Según la “Historia de la Seta Psilocybe” de Erowid, “Las setas alucinógenas han formado parte de la cultura humana desde al menos los primeros documentos históricos.”

Se desconoce la fecha exacta del primer uso humano de las setas mágicas, incluso para los científicos; data de muy, muy temprano en el curso de la prehistoria. Pero si se dio al mismo tiempo que la evolución de la existencia o comenzó con la aparición de las pinturas rupestres en cuevas hace unos cinco milenos, la mayoría de científicos, analistas e historiadores están de acuerdo en que las civilizaciones antiguas han usado setas de psilocibina durante mucho tiempo, que aún se usan extensivamente hoy en día y que continuarán formando parte importante de la historia de la humanidad durante siglos venideros.

La teoría de que las setas se han utilizado prácticamente desde el principio de la humanidad, ha tomado impulso en los últimos años, y hasta sugiere que otras especies de humanos, además del Homo sapiens, también ingerían setas (lo más probable es que por accidente). Pero la evidencia más antigua que ilustra el uso intencionado de las setas de psilocibina con conocimiento de sus efectos, se encuentra en las desnudas paredes de rocas del norte de África. Las pinturas rupestres de la zona, de las que se estima que tienen una edad de once mil años, muestran grupos de personas comiendo setas o la representación de la seta misma. En Tassili y la meseta del norte de Argelia, exploradores y arqueólogos han descubierto unas pinturas rupestres de siete mil años, en las que se muestra un viaje con setas mágicas. Ciertas piedras descubiertas en áreas de América del Sur y Central se asemejan a las setas mágicas y se cree que fueron creadas como tributo a un ser divino. La gente construía templos que los historiadores creen que estaban dedicados a estos “dioses seta”, además de las “piedras seta” que fueron creadas entre el 500 a.C. y el 100 a.C.

Más adelante, un dios llamado “Piltzinecuhtli,” que significa “Siete Flores”, era adorado en México por los Mixtecs como “el dios de las plantas alucinógenas, sobre todo la seta divina”. De manera parecida, cuando los Aztecas comenzaron a usar la plétora de psicodélicos naturales que crecía a su alrededor (incluyendo el peyote, las semillas de campanillas, Datura, Salvia divinorum y, por supuesto, las setas de psilocibina, que se cree se llamaba “teonanácatl” es decir “carne de dioses”), empezaron a adorar a “Xochipilli,” “Principe de las Flores”. Se le llamó el “divino patrón de ‘el sueño florido,’” refiriéndose a los viajes psicodélicos y los trances que se obtenían con ellos. Los Aztecas usaron las plantas psicoactivas de sus alrededores como enteógenos, tomándolas en un ambiente espiritual para invocar experiencias religiosas, tener “sueños” o visiones (que luego interpretaban) y hasta para hablar con los dioses.

Cuando los misioneros católicos llegaron a las Américas desde España, escribieron diarios con sus experiencias; algunos documentaban el uso de psicodélicos naturales del área por parte de los nativos, y otros hasta las experiencias de los propios misioneros con las setas de psilocibina y otras drogas.

Pero, incluso con la evidencia acumulada, aún no se ha aceptado completamente por parte de la comunidad histórica, que las setas de psilocibina tuvieron una fuerte y constante influencia en la cultura humana (sobre todo si se compara con otros alucinógenos naturales, algunos de los cuales crecen con más abundancia y pueden sobrevivir condiciones más duras). Ciertos historiadores argumentan que hay muy poca significancia en esta relación.

Esta personas dicen que los que afirman la evidencia están simplemente “viendo lo que quieren ver”, refiriéndose a las “rocas seta”, “templos seta”, etc. Otras personas suelen rebatir el argumento diciendo que las setas de psilocibina tiene un uso confirmado en civilizaciones muy antiguas, como las dos anteriormente mencionadas, además de la Nauhua y la Zapatec (Nota: los Mazatec, Mixtec, Nauhua y Zapatec vivan todos en América Central y alrededores; las setas de psilocibina siguen creciendo en la zona en abundancia).

Pasemos a los USA de los años 50 y las compañías farmacéuticas son las primeras que hacen oídos a los potenciales beneficios medicinales de las setas mágicas. R. Gordon Wasson, micólogo (Los “micólogos” son investigadores que estudian las distintas especies de setas y sus propiedades; ¡Ya lo sabes!), voló a México, donde la setas crecen en abundancia, a mediados de los 50. Aterrizando en el sur de México, en un área conocida como la región de Oaxaca, Wasson fue a ver a los indígenas Mazatec.

Mientras estuvo con este pueblo, Wasson tuvo la oportunidad de presenciar un ritual Mazzatec completo. Tomaron setas secas o una preparación a base de setas en una ceremonia religiosa, y para suerte, o no, de Wasson, le invitaron.

Wasson nunca había hecho algo así con anterioridad (estamos en 1955, la gente no conocía el LSD entonces, y fue antes de la Guerra de Vietnam), primero, solo vio colores. Diseños de colores vívidos moviéndose y transformándose en el suelo y las rocas de su alrededor. Después, tras lo que pudo haber sido dos horas o diez minutos (seguramente fue unos veinte minutos, pero es una suposición; menciona el momento de los primeros efectos y otros detalles en su artículo, del que hablaremos más adelante), llegaron los pensamientos; un flujo de ideas, una apertura del entendimiento, una gran euforia.

Volvió a casa y escribió un artículo resumiendo la experiencia complete. La revista Life la publicó en 1957 (Nota: los editores de Life titularon el artículo “En Busca de la Seta Mágica”, con el que Wasson no tuvo nada que ver. Pero la frase es muy conocida en la actualidad; hasta una película independiente lleva este título).

Más adelante, cuando Albert Hofmann llevaba a cabo sus experimentos clínicos con su LSD (su, porque Hofmann fue el descubridor del LSD), intercambió ideas con Roger Heim, gran amigo de Wasson. Hofmann había aislado la psilocina y la psilocibina (ambas activos químicos de la setas de psilocibina) de los mismas setas que Wasson había recolectado en su viaje a México.

El artículo tuvo mucho éxito. Timothy Leary es un nombre que te puede sonar: era un profesor de Harvard que experimentó grandemente con la psilocibina y el LSD, y que también habló de su esclarecimiento tras un viaje a México y sus encuentros con los consumidores nativos de setas. Leary acabó leyendo el artículo de Wasson, “En Busca de la Seta Mágica”, y alabó las opiniones que Wasson daba en su escrito.

En parte el trabajo de Leary y en parte los acontecimientos y emociones de la época, condujeron al boom de las setas de psilocibina, siendo tras el LSD, uno de los psicodélicos más populares entre los hippies y las instituciones medicas por igual. La atención que despertó acabó dando pie al gobierno de los Estados Unidos para clasificar la psilocina, psilocibina y sus derivados como drogas de clase I, añadiéndolas más tarde al Acta de Substancias Controladas (alias Ley de Prevención y Control del Abuso de Drogas de 1970). Al año siguiente, cuando el acta entró en funcionamiento, el Reino Unido también prohibió las setas de psilocibina, y en las siguientes décadas, muchas naciones de todo el mundo hicieron lo propio por razones políticas o económicas. Holanda lo hizo el 1 de diciembre del 2008.

Pero a pesar de las batallas legales, el uso de las setas mágicas continúa extendiéndose. Es una de las drogas psicodélicas más populares, uno de los enteógenos más antiguos usados con fines espirituales y religiosos de la historia de la humanidad y, en años recientes, ha estado llamando cada vez más la atención de médicos y científicos para su utilización en el tratamiento de enfermedades mentarles. Las ondas políticas pueden llevar la regulación oficial de la psilocibina a un lado u otro, pero a pesar de ello, las setas mágicas serán por siempre parte de la cultura humana.

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